El nuevo Centro de Visitantes de Aranda de Duero reinterpreta el paisaje de la Ribera a través de la arquitectura.
La rehabilitación del edificio municipal de los Jardines de Don Diego transforma el antiguo inmueble en una nueva puerta de entrada a la ciudad, con una arquitectura inspirada en el territorio, el vino y la identidad material de Aranda de Duero.
El nuevo Centro de Visitantes de Aranda de Duero (CVAD), situado en la Plaza Jardines de Don Diego, busca ir más allá de la rehabilitación funcional del edificio existente.
El proyecto parte de una idea esencial: que el nuevo centro no aparezca en la ciudad como un objeto arquitectónico ajeno, sino como una reinterpretación contemporánea de la identidad de Aranda de Duero y de su territorio.
La propuesta se apoya para ello en una arquitectura de tonos térreos y texturas que dialogan con un entorno urbano históricamente marcado por el ladrillo y las tonalidades arenosas. El objetivo es que lo nuevo y lo existente puedan reconocerse mutuamente sin necesidad de recurrir a una reproducción literal de la arquitectura tradicional.
El edificio se concibe a partir de un juego entre masa y vacío. Hacia los Jardines de Don Diego presenta una imagen rotunda y reconocible, mientras que en su interior el programa se organiza alrededor de un patio que se convierte en uno de los elementos fundamentales de estancia e iluminación.
La nueva piel exterior constituye probablemente el elemento más singular del proyecto.
Su diseño nace de la abstracción geométrica de un racimo de uvas, una referencia directa pero deliberadamente no figurativa a uno de los elementos que mejor representan el paisaje, la cultura y la actividad económica de la Ribera del Duero.
La geometría del fruto se descompone en perforaciones circulares de diferentes diámetros que se extienden sobre la fachada. El resultado no pretende dibujar literalmente un racimo, sino trasladar su estructura a un lenguaje arquitectónico contemporáneo.

Las perforaciones hacen además que la percepción del edificio varíe a lo largo del día. La incidencia del sol modifica continuamente luces y sombras, mientras la envolvente filtra de forma controlada la entrada de luz hacia el interior.
De esta manera, la fachada adquiere una doble lectura: de cerca se aprecia el material, las perforaciones y la construcción de la piel; desde la distancia, el dibujo se diluye y pasa a formar parte de la imagen general del edificio.
La arquitectura busca así hablar del vino y del territorio sin recurrir a una representación evidente o escenográfica.
La plaza entra en el edificio.
Otro de los objetivos principales de la rehabilitación ha sido mejorar radicalmente la relación entre el inmueble y el espacio público.
Para conseguirlo se ha rebajado la cota de la planta baja hasta aproximarla a la rasante exterior, eliminando barreras y haciendo que el patio interior pueda entenderse como una prolongación de los Jardines de Don Diego hacia el corazón del edificio.
Esta decisión permite reforzar la accesibilidad universal y, al mismo tiempo, transformar la percepción del centro: la planta baja deja de funcionar como un espacio cerrado respecto a la ciudad y establece una relación mucho más directa con la plaza.
El patio pasa así a desempeñar un papel fundamental tanto en la organización funcional como en la iluminación y percepción de los espacios interiores.
Arquitectura, sostenibilidad e inclusión
La rehabilitación se ha planteado también desde los principios de la Nueva Bauhaus Europea, tratando de integrar en una misma actuación belleza, sostenibilidad e inclusión.
El proyecto responde al principio de no causar un perjuicio significativo al medio ambiente (DNSH) y ha realizado una intervención integral sobre la envolvente térmica para alcanzar las prestaciones propias de un Edificio de Consumo de Energía Casi Nulo (ECCN).
A ello se suman estrategias de arquitectura bioclimática, el aprovechamiento de la iluminación natural y la mejora de las condiciones de accesibilidad del inmueble.
La sostenibilidad se entiende así no como un elemento añadido posteriormente al proyecto, sino como una condición incorporada desde el propio diseño arquitectónico.
Un nuevo punto de referencia para recibir y explicar Aranda.
El Centro de Visitantes nace con la vocación de convertirse en el lugar desde el que recibir al visitante y comenzar a explicar Aranda de Duero, su patrimonio, su cultura y su estrecha vinculación con el paisaje de la Ribera.
La arquitectura pretende participar también de ese relato.
La nueva fachada, el patio interior, la luz y la materialidad del edificio construyen una imagen contemporánea que encuentra sus referencias en elementos profundamente ligados al lugar.
Para sus autores, la intervención puede resumirse como un nuevo hito de acero y luz en el centro de Aranda, una arquitectura que busca tener identidad propia sin imponerse sobre la ciudad y que encuentra precisamente en el paisaje, el vino y la cultura de la Ribera los elementos con los que construir su lenguaje.
La apertura del Centro de Visitantes, el 9 de septiembre de 2026, fue recogida por El Correo de Burgos, BURGOSconecta, Diario de la Ribera y Diario de Burgos.

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